domingo, 6 de septiembre de 2015

LOS MITOS DE LA FELICIDAD NACIÓN 06-09-15

NeurocIencias / Las claves del bienestar

Los mitos de la felicidad: la verdad detrás de las recetas

Sociedad

Suele pensarse que el "santo grial" de las neurociencias es llegar a definir la conciencia. O comprender cómo hace un sustrato biológico (las neuronas) para convertir intercambios electroquímicos en recuerdos, pensamientos e ideas. Algo de eso podría decirse acerca de la felicidad, un estado de la vida que admite casi tantas definiciones como individuos viven sobre el planeta.
Aristóteles la describía como el sentimiento de los que se bastan a sí mismos. Para Montesquieu, si nos bastase ser felices, sería facilísimo; pero queremos ser más felices que los demás, y eso es casi siempre imposible porque cre-emos que los demás son más felices de lo que son en realidad. Para Tolstoi, el secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman citó, en una reciente entrevista de Jorge Fontevecchia, a Goethe y le atribuyó la idea de que la felicidad consiste en superar problemas. Y para el economista Richard Easterlin, la función felicidad depende de la razón entre las aspiraciones y los logros en cada dominio de la vida.
Para otros, como Carl Jung, buscar la felicidad es como perseguir el horizonte. En una entrevista periodística de 1960, afirmó que todos los factores que generalmente se asume que pueden contribuir a la felicidad pueden también, bajo ciertas circunstancias, producir lo contrario. "Entre más se busca deliberadamente la felicidad, más probabilidades hay de no encontrarla", afirmó.
Sin embargo, lo cierto es que el tema atrae a filósofos, psicólogos, neurocientíficos y hasta economistas. Hoy se habla de la "política de la felicidad", de la "economía de la felicidad", de la "felicidad nacional bruta" y hasta de la "ciencia de la felicidad" (hay una revista con referato, el Journal of Happiness Studies, que publica investigaciones sobre este tema).
Tal como afirma Facundo Manes, rector de la Universidad Favaloro y presidente de la Fundación Ineco: "El debate respecto de la felicidad como componente integral de la existencia del ser humano nos remonta incluso a los tiempos de Aristóteles, que ya intentaba disecar los distintos aspectos que hacen a este concepto tan controversial. Hoy, existen críticos de la investigación sobre la neurobiología de la felicidad. No pocos científicos argumentan que es un concepto amplio y vago, y por lo tanto dudan de que alguien pueda «medir» la felicidad".

Conceptos que cambian

Para Manes es importante tener en cuenta que la ciencia reemplaza conceptos establecidos con otros nuevos que pueden estar relacionados pero que no son lo mismo. "Antes de la química moderna, se pensaba que los elementos básicos eran tierra, agua, fuego y aire -explica el neurocientífico-. La tabla periódica moderna define los elementos de manera diferente, y ahora sabemos que de esta manera es más adecuado. Lo mismo pasa con conceptos como «memoria», «inteligencia» y «felicidad»".
"En el uso diario estos términos no están bien definidos -agrega Manes-, por lo que es difícil que la ciencia los pueda medir. Lo que la ciencia puede hacer, basada en datos y teoría, es reemplazar estos conceptos con otros bien definidos y que pueden ser medidos. Hasta ahora el foco de la investigación se centró en estados relacionados, placer, bienestar y deseo."
"Según la ciencia, a la que le gusta definir cosas -afirma Pedro Bekinschtein, investigador del Instituto de Biología Celular y Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires-, la felicidad no es un momento más o menos efímero de placer, sino más bien una sensación de satisfacción con la vida que perdura a lo largo de un intervalo prolongado de tiempo."
Sin embargo, mientras se delimita el terreno atravesado por este cruce de consideraciones éticas, antropológicas, psicológicas y filosóficas, una rápida búsqueda por Internet muestra que circulan todo tipo de recetas para alcanzarla. ¿Qué hay de cierto?

La felicidad se transmite por el olfato

Si bien existen trabajos aislados que intentaron demostrarlo utilizando el sudor de voluntarios, la afirmación resulta, por lo menos, altamente dudosa.
"Si se piensa en personas que «irradian» felicidad a través de su piel liberando algún tipo de sustancia como una feromona, que modificaría el humor de otros al ser percibida a través del olfato, no hay evidencias de que algo así suceda -explica Bekinschtein-. Aún no se identificaron claramente feromonas humanas, aunque todo indica que es posible que existan." En tren de especulaciones, el científico agrega que, si la felicidad se irradia, es poco probable que lo haga a través de sustancias químicas.

La música alegre te hace ser más feliz

El concepto es impreciso: ¿qué es la música alegre? "Por lo general, uno asocia las tonalidades mayores con «sensaciones felices» y tonalidades menores con «sensaciones tristes» -dice Adolfo García, neurolingüista de la Universidad Nacional de Cuyo y del Instituto de Neurociencias Cognitivas (Ineco)-. Hay estudios que demuestran que cuando nos exponemos a tonalidades mayores, reconocemos más velozmente palabras con una carga afectiva positiva, y que cuando escuchamos obras en tonalidad menor, respondemos más rápidamente ante palabras con carga afectiva negativa. Sin embargo, no se pueden extrapolar esos resultados a toda persona en todo contexto. Un estudio reciente demostró que, contrariamente a lo que se pensaba, en los fanáticos del heavy metal extremo, escuchar temas de su género predilecto aumentaba sus emociones positivas. Lo que nos hace más felices no es la «música alegre», sino cualquier experiencia musical con la que nos identifiquemos."

Ser solidarios nos hace más felices

Esto sí, aparentemente, es cierto. "Se sabe que ser generoso produce bienestar y activa en el cerebro el circuito asociado con el placer y la recompensa, es decir, libera dopamina y oxitocina, dos neuroquímicos asociados con el bienestar -detalla Manes-. Es más, tener conductas benéficas y solidarias, incluso obligatorias (como realizar una transferencia bancaria a una organización de ayuda) activa regiones del cerebro relacionadas con el circuito que se enciende ante las gratificaciones naturales de supervivencia básica (como la comida), y otras más complejas. Por alguna razón, dado que vivimos en comunidad, es una fortaleza que guardamos de generación en generación. Hacer bien, hace bien."

El dinero no hace la felicidad

No hay acuerdo entre los científicos sobre cómo inciden los bienes materiales en nuestro bienestar. "¿Si el dinero hace a la felicidad? Como diría Manolito -bromea Diego Golombek, investigador del Conicet en la Universidd de Quilmes- «también están los cheques». Lo que se ha visto es que el dinero sí contribuye a una sensación de bienestar y felicidad, pero hasta cierto punto. Una vez que las necesidades básicas están satisfechas, y se puede acceder a gustos por encima de estas necesidades, se puede llegar a un umbral luego del cual tener más dinero no necesariamente implica ser más feliz."

Más frutas y verduras para ser felices

Es frecuente advertir que afirmaciones sin asidero se presentan como si estuvieran respaldadas por estudios sesudos. Éste podría ser uno de esos casos: para los investigadores consultados, no hay antecedentes en la literatura científica que indiquen que el tipo de dieta que ingerimos influya en nuestra felicidad. "Esto parece responder a la opinión caprichosa de fundamentalistas del vegetarianismo", bromea Adolfo García. Sin embargo, advierte, siguiendo el rastro de ideas descabelladas a veces se llega hasta investigaciones académicas de dudosa validez. Un ejemplo: el investigador holandés Diederik Stapel, no hace tanto una "estrella" de la psicología social, entre cuyos trabajos había algunos sobre las diferencias de actitud entre los vegetarianos y las personas que comen carne. Estos estudios, publicados en revistas con referato, tenían resultados fraguados. Stapel se vio envuelto en un escándalo cuando, en 2011 y tras advertirse sus fraudes, la Universidad de Tilburg lo suspendió por inventar, y manipular datos y resultados de 55 investigaciones, que fueron retractadas.

La felicidad cambia tus genes

"Habría que ver qué quiere decir «cambia tus genes» -advierte Bekinschtein-. Casi cualquier cosa que a uno le pasa «cambia sus genes», porque la activación y desactivación de genes es lo que produce cambios a largo plazo en el cerebro. Si uno es infeliz y luego es feliz, eso quiere decir que hubo cambios en el cerebro que serán el producto del «encendido y apagado» de genes en las neuronas." Muchos factores provenientes del ambiente alteran la expresión de los genes. El área que estudia estas interacciones es una de las más activas de la ciencia y se la conoce como epigenética.
"Todavía queda mucho por explorar sobre felicidad y genética -aclara Manes-. Estudios recientes están comenzando a relacionar algunos genes con el bienestar, pero los datos son controversiales. Existe cierta evidencia de que distintos tipos de bienestar, como el hedónico (basado en el placer) y el eudaimónico (basado en el logro) dedican distintos programas de regulación de genes, a pesar de presentar iguales niveles de bienestar. Esto implicaría que el genoma humano sería sensible a variaciones cualitativas de bienestar."
Lo que sí puede argumentarse, agrega, es que la felicidad es un factor protector, y esto se sabe no por estudios genéticos, sino por haber visto que las personas más felices se enferman menos, viven más y tienen una mayor calidad de vida. "Sentirse bien le hace bien al cuerpo y al cerebro", asegura.

Programados genéticamente para ser felices

Al parecer, todos tenemos niveles basales de bienestar que suelen mantenerse dentro de un rango. "La buena noticia -anuncia Manes- es que un porcentaje grande del bienestar (se habla de un 40%, aunque es preferible esperar a futuras investigaciones para asegurarlo) resulta de actividades que hacemos de forma voluntaria, como disfrutar de un programa en familia, salir a correr, alcanzar una meta, hacer meditación. Otro porcentaje menor se desprende de nuestras circunstancias vitales como el trabajo, que si bien son factores que influyen en el bienestar, no lo definen." Podría decirse entonces que hay gente más feliz que otra, más allá del contexto. Pero también podemos ser más felices si nos lo proponemos: según Manes, uno puede entrenarse para ser feliz.

Sonreír te hace feliz

Según algunos estudios, al fingir sonrisas se inducen cambios químicos parcialmente similares a los que se generan cuando la persona está contenta. "Existe una «teoría somática sobre la empatía» que postula que los sentimientos podrían ser desencadenados por micromovimientos que ocurren en nuestro cuerpo -explica Bekinschtein-. Por ejemplo, si alguien te sonríe, de forma medio indetectable al principio, uno sonreiría también, y eso generaría el sentimiento de placer y la sonrisa verdadera."
"Esta afirmación se puede comprobar muy fácilmente. forzando una sonrisa -propone Golombek-. Al hacerlo, uno puede sentir una sensación de bienestar. Un experimento similar consiste en agarrar un lápiz entre los dientes: también habrá algo en el cerebro que indique cierto bienestar, a diferencia de agarrar el mismo lápiz entre el labio superior y la nariz, que tendrá el efecto contrario. La conclusión de estas pruebas es que el cuerpo, su posición y sus movimientos, influyen mucho en la experiencia de las emociones; de esta manera, activar los músculos que corresponden a una sonrisa puede ser leído por el cerebro como que la estamos pasando bien y, por qué no, siendo felices."

La matemática puede medir la felicidad

Según explica Bekinschtein, la ciencia siempre intenta cuantificar, y el campo de los estudios sobre felicidad no podía ser una excepción.
El año último, por ejemplo, científicos ingleses desarrollaron una ecuación matemática que, sí, permitió predecir el nivel de felicidad de 18.000 individuos. Los resultados se publicaron en el Proceedings of the National Academy of Science.
"Existen instrumentos que le adjudican un número al nivel de felicidad que sentimos -aclara García-. Ahora, no es lo mismo obtener puntajes altos en una medida de felicidad, que efectivamente vivenciar ese estado multidimensional. Para medir matemáticamente un fenómeno complejo, hay que identificar las variables críticas que intervienen y estimar las relaciones que se tejen entre ellas.
"Un problema acá -agrega García- es que las variables que determinan la felicidad cambian enormemente entre personas, y es muy difícil llegar a conclusiones matemáticas robustas."
Sin embargo, Diego Golombek precisa: "No es exactamente que se pueda medir, pero sí se pueden construir escalas numéricas de bienestar (que podríamos llamar "índices de felicidad") sobre la base de encuestas. Estos índices se construyen no sólo en el nivel individual, sino también en escala social".

Los varones son más felices que las mujeres

Existen evidencias de que la depresión afecta proporcionalmente más a las mujeres que a los hombres, pero lanzar esta afirmación general es algo temerario. "Hasta donde yo sé no hay evidencias para sostener esta idea", dice García.
Según Manes, algunos estudios demuestran que algo así podría ocurrir en la adolescencia. "Es probable que las exageradas exigencias culturales relacionadas con la belleza, entre otras, influyan en estos resultados", dice.
Y explica: "No hace mucho se creía que si uno no tenía ciertas cosas, no podía ser feliz o al menos tan feliz como otros. En 1967, Warner Wilson llegó a la conclusión de que una persona feliz era: un hombre o una mujer joven, saludable, con cierta educación formal, un buen sueldo, extrovertida, optimista, sin preocupaciones, religiosa, casada, con alta autoestima, aspiraciones modestas, ética en el trabajo y una alta inteligencia. Hoy hay evidencias de que no es así. La relación entre el bienestar y las condiciones demográficas es leve y contribuyen apenas modestamente a la predicción de la felicidad.".

BAEZ ADMITIÓ PAGO DE 6,2 MILLONES A KIRCHER HOTESUR - LA ASOCIACIÓN ILÍCITA PODER JUDICIAL CALLA Y ENCUBRE, SOLO SIMULACROS DE ACTUACIÓN JUDICIAL - SOLO 7 OCUPANTES DEL HOTEL LA TRIPULACIÓN DE AEROLÍNEAS ARGENTINAS -. ------------------- VERGUENZA AJENA, PAGO DE HABITACIONES VACÍAS, LAVADO, ENCUBRIMIENTO DE ENRIQUECIMIENTO ILÍCITO POR FUNCIONES INCOMPATIBLES Y VENTA DE EFEDRINA A LOS NARCOS. JUECES QUE TODO LO ENCUBREN - ARGENTINA NARCO 2003 2015

Negocio

Báez admitió a la AFIP que les pagó US$ 6,2 millones a los Kirchner

Política

Lázaro Báez reconoció ante la AFIP lo que en público calla. Admitió que pagó por un total de 2300 habitaciones en el hotel Alto Calafate, de propiedad de la familia presidencial a lo largo de tres años, al mismo tiempo que alquiló dos de sus salones, según consta en los convenios confidenciales que entregó al órgano recaudador y cuya copia obtuvo LA NACION.
Fruto de esa operatoria hotelera, los Kirchner recaudaron por lo menos US$ 4 millones, más otros $ 11,5 millones entre fines de 2008 y mediados de 2013 a través de Hotesur, la firma con que controlan el hotel Alto Calafate, según surge de documentación adicional del grupo de empresas de Báez a la que accedió LA NACION. Es decir, un total cercano a los US$ 6,2 millones según la evolución del tipo de cambio a lo largo de todo ese período.
La operatoria que admitió Báez alcanzó a siete de sus empresas, según consta en esos y otros documentos a los que accedió este diario, que exponen una maniobra con dos grandes pasos. El primero fue que esas empresas firmaran convenios con Valle Mitre, la firma del propio Báez con la que gerenció el Alto Calafate entre 2008 y 2013. Y el segundo paso ocurrió cuando Valle Mitre, con los $ 23,7 millones que le aportaron esas siete empresas, comenzó a justificar los millones que empezó a pagarles a los Kirchner.
¿Qué decían esos tres contratos? Según reconstruyó la AFIP sobre la base de los documentos que aportó el propio Báez ante distintos organismos públicos, el primer contrato se selló el 10 de noviembre de 2008.
Es decir, apenas tres días después de que los Kirchner tomaron el control del Alto Calafate a través de Hotesur SA. Entonces firmaron un contrato "de locación" con Báez, quien aceptó pagarles US$ 80.000 más IVA por mes a los Kirchner entre noviembre de 2008 y mayo de 2011. Es decir, cerca de US$ 2,5 millones, más IVA.
Con el segundo contrato -"de cesión de explotación"- entre Báez y Hotesur, en tanto, el contratista de obra pública acordó un pago inicial de US$ 100.000 más otros US$ 40.000 por mes, también entre noviembre de 2008 y mayo de 2011. Es decir, otros 1,34 millones de dólares. Por último, con el tercero contrato "de locación" que reemplazó al primero y rigió entre mayo de 2011 y hasta su rescisión en julio de 2013, los Kirchner y Báez establecieron un canon de $ 408.000 por mes, más un seguro de US$ 5 millones. Es decir, casi $ 11,5 millones adicionales (cerca de US$ 2,4 millones según la evolución del tipo de cambio), más el seguro.

 
 

Consciente de la sensibilidad de esa información, Báez buscó que esos convenios se mantuvieran bajo llave cuando se los entregó a la AFIP. Trató además de recuperarlos en cuanto resultó posible. Pero igual salieron a la luz. Y exponen nuevas inconsistencias en los negocios hoteleros de los Kirchner con el empresario que recibió al menos $ 8800 millones de la Nación (en su mayoría con ejecución provincial) en contratos de obra pública durante los últimos 10 años.
LA NACION había revelado por primera vez los principales tramos de esta operatoria a fines de 2013, sobre la base de los registros contables del grupo Báez. Detalló que sus empresas pagaban millones de pesos por cientos de habitaciones en los hoteles de los Kirchner, sin utilizar esas reservas.
Ahora, LA NACION accedió a los convenios formales que Báez presentó a la AFIP para defenderse. Es decir, son los documentos que él reconoce como válidos, aunque el juez federal Claudio Bonadio buscó verificar si lo que aparecía en estos papeles coincidía con lo que de verdad ocurrió en El Calafate y Río Gallegos hasta que fue apartado de la investigación por presuntas maniobras de lavado.
¿Qué dicen esos convenios que presentó Báez ante la AFIP? Que al menos cinco de sus empresas pagaron por un número variable de habitaciones dobles por mes en el Alto Calafate -que con sus 103 habitaciones puede disponer hasta 3193 noches al mes-. Y que a esas habitaciones se sumaron los alquileres de dos salones durante 12 días al mes en ese hotel, durante años.
¿Cómo fue la operatoria, según Báez? Esas cinco empresas firmaron convenios con Valle Mitre, una firma abocada a la administración hotelera que controlaba el propio Báez, que también selló convenios con otras dos de sus empresas por supuestos "asesoramientos" en el rubro de marketing y turístico.
¿Cuál era el objetivo de esas contrataciones? Gracias a esos siete convenios, Valle Mitre se garantizó más de $ 23,7 millones, con los que Báez pudo justificar los tres contratos que Valle Mitre firmó a su vez con Hotesur, controlante del Alto Calafate.
¿Qué empresas participaron? La nave insignia del grupo Báez, Austral Construcciones, aparece como el principal sostén de la operatoria. Sólo esa constructora, con la firma del hijo de Lázaro, Martín Báez, acordó pagar hasta "500 noches" en el Alto Calafate, con un tope máximo de 20 habitaciones dobles por día. Pero el convenio no se agotó allí: también incluyó un acuerdo de "consultoría hotelera". ¿Cuánto pagó en total esta constructora a Valle Mitre? Algo más de $ 20,5 millones.
Por su parte, otra constructora de Báez, Kank y Costilla, se reservó otras 20 habitaciones por mes, entre julio de 2010 y noviembre de 2013, también con la firma de Martín Báez, aunque se acordó que sólo podría tomarlas con un tope máximo de 5 habitaciones dobles por noche. A cambio, desembolsó un total de $ 1,47 millón.
Una tercera constructora, Loscalzo y del Curto, se sumó a la operatoria, también con la rúbrica de Martín Báez. Acordó pagar por 16 habitaciones dobles por mes, también entre julio de 2010 y noviembre de 2013. A cambio, pagó otros $497.700.
A estas tres constructoras se sumaron dos sociedades de Báez -La Estación SA y Don Francisco SA-, que controlan estaciones de servicio, pero en Río Gallegos, a 300 kilómetros de El Calafate. Cada una acordó reservar un salón para al menos 30 personas durante 6 días al mes, durante 5 meses, más 24 habitaciones dobles al mes, también cada una por separado. ¿Retribución? Un desembolso de $ 248.850 cada firma.
Las dos últimas empresas de Báez que participaron en la operatoria no aparecen con reservas hoteleras. Pero sí con la contratación de Valle Mitre para su "asesoramiento". La constructora Badial, con la firma del propio Báez, aceptó pagarle $ 500.000 en 5 cuotas. Y Alucom, otros $ 193.550, también en 5 cuotas, con la firma de, otra vez, su hijo Martín.
Así, con todo ese flujo de fondos, Báez le garantizó ingresos millonarios a Valle Mitre con los que a su vez comenzó a pagarle a Hotesur.
Esa correlación directa con los intereses de los Kirchner quedó en evidencia cuando los Kirchner decidieron desplazar a Valle Mitre en 2013 y la reemplazaron con Idea SA, bajo el mando de Osvaldo "Bochi" Sanfelice, socio de Máximo Kirchner. De inmediato, se cayeron todos los convenios entre Valle Mitre y las empresas de Báez. Incluidos los que firmaron por su supuesto asesoramiento para emprendimientos turísticos propios en El Calafate y en Río Turbio.
¿Por qué Báez dio de baja a Valle Mitre cuando aún le reportaba ganancias con esos proyectos propios? No lo explicó. Pero queda claro que para el empresario, con el fin de la operatoria con los Kirchner, la administradora perdió su razón de ser. En cuestión de días la dio de baja en la AFIP.