Buenos
Aires, 21 de Septiembre de 2013.-
Al Club Atlético River Plate:
Como
tantas madres, creí que cuando mis hijos, Alan Schlenker y William Schlenker
iban al Club River Plate, se encontraban en un ambiente sano, en el que se
promovía el deporte.
Durante
los años 2008 y 2009 viví mi propio 11 de Septiembre y supe de atrocidades
variadas que involucraban a la institución.
Mucho
antes de ser abogada, me dediqué a poner mi granito de arena, para hacer del
pequeño ámbito en el que me muevo, en la medida de mis posibilidades, un mundo
mejor y más justo.
Las
20 páginas adjuntas constituyen una pequeña muestra del 10 % de lo que ocurría
allí.
Y
que dirigentes y socios, no vayan a decirme que “no sabían”. Porque la más ingenua, la más estúpida de todos que
reconozco soy, no va a creerles. Fútbol Política
y Delitos, no deben ser sinónimos.
En
cierto modo, Uds permitieron que lo que surge de esta mínima síntesis y mucho,
mucho más, ocurriera.
No
obstante que en la causa aludida, solo presenté una poca, se sorprendería la
magistrada si constatara los baúles que puedo exhibir, y que solo podría volcar
en una docena de libros. Dijo la Dra Argibay, aludiendo a la suscripta: “Tienen prueba por demás… Tengan cuidado”.
Tal vez esté llegando la hora de prepararse para la
difusión de la verdad, que seguramente toleraron y callaron.
Aunque
me maten, puede estar cercano el día, en que parte de la prueba comience a
difundirse. Y el Club no es ajeno a esos hechos. Allí se llamaba para dar CBU y
números de cuentas bancarias, por pago de asesoramiento
en delitos variados, comunes y federales, que incluyen prisión de inocentes
que “todos” sabían tales, y mucho, mucho
más.
A
quien me dijo que tuviera cuidado, que no me metiera, le digo que lo que me
ocurrió, seguramente estaba en mi destino y no lo hubiera podido evadir. Dios curiosamente
preservó la vida hasta que la historia quedara escrita. Y si me matan será un honor, y ello no evitará que con el
tiempo, el país y el mundo conozcan los hechos.
Estoy
segura de que cada cual puede proponerse en adelante, poner a diario su granito
de arena, para que esta historia de lo
más bajo y mísero de la naturaleza humana, no se repita.
Ojalá algún día este Club se convierta en lo que una
madre ingenua creía que era.
Atentamente
Alejandra Belmartino