sábado, 14 de septiembre de 2013

CARTA AL CLUB ATLÉTICO RIVER PLATE


Buenos Aires,  21  de Septiembre de 2013.-

 

Al Club Atlético River Plate:

 

Como tantas madres, creí que cuando mis hijos, Alan Schlenker y William Schlenker iban al Club River Plate, se encontraban en un ambiente sano, en el que se promovía el deporte.

Durante los años 2008 y 2009 viví mi propio 11 de Septiembre y supe de atrocidades variadas que involucraban a la institución.

Mucho antes de ser abogada, me dediqué a poner mi granito de arena, para hacer del pequeño ámbito en el que me muevo, en la medida de mis posibilidades, un mundo mejor y más justo.

Las 20 páginas adjuntas constituyen una pequeña muestra del 10 % de lo que ocurría allí.

Y que dirigentes y socios, no vayan a decirme que “no sabían”. Porque la más ingenua, la más estúpida de todos que reconozco soy, no va a creerles. Fútbol Política y Delitos, no deben ser sinónimos.

En cierto modo, Uds permitieron que lo que surge de esta mínima síntesis y mucho, mucho más, ocurriera.

No obstante que en la causa aludida, solo presenté una poca, se sorprendería la magistrada si constatara los baúles que puedo exhibir, y que solo podría volcar en una docena de libros. Dijo la Dra Argibay, aludiendo a la suscripta: “Tienen prueba por demás… Tengan cuidado”.

Tal vez esté llegando la hora de prepararse para la difusión de la verdad, que seguramente toleraron y callaron.

Aunque me maten, puede estar cercano el día, en que parte de la prueba comience a difundirse. Y el Club no es ajeno a esos hechos. Allí se llamaba para dar CBU y números de cuentas bancarias, por pago de asesoramiento en delitos variados, comunes y federales, que incluyen prisión de inocentes que “todos” sabían tales, y mucho, mucho más.

A quien me dijo que tuviera cuidado, que no me metiera, le digo que lo que me ocurrió, seguramente estaba en mi destino y no lo hubiera podido evadir. Dios curiosamente preservó la vida hasta que la historia quedara escrita. Y si me matan será un honor, y ello no evitará que con el tiempo, el país y el mundo conozcan los hechos.

Estoy segura de que cada cual puede proponerse en adelante, poner a diario su granito de arena, para que esta historia de lo más bajo y mísero de la naturaleza humana, no se repita.

Ojalá algún día este Club se convierta en lo que una madre ingenua creía que era.

Atentamente

 

Alejandra Belmartino

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